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Por qué fallamos los meteorólogos

marzo 28, 2017
playa lluvia

¿Quién no se ha quejado alguna vez de los espacios del tiempo en televisión? Casi todos, en alguna ocasión, hemos gruñido y gritado porque una predicción errónea ha arruinado nuestros planes. Y es que, a la vista de un telediario, hemos decidido planear un picnic en Gredos, meter el bañador en la maleta para ir a La Manga o poner a punto nuestros esquíes para subir a Formigal. Un par de días más tarde, ni picnic, ni baño ni nieve. Un cambio en las condiciones meteorológicas no nos permite disfrutar como habíamos imaginado y claro, buscamos culpables a nuestra frustración y miramos al meteorólogo de turno.

Pero, ¿estamos siendo justos? ¿Realmente tiene la culpa el hombre -o la mujer- del tiempo por habernos “informado mal”? Veamos algunos aspectos que hacen que el trabajo de predictor meteorológico sea uno de los más desagradecidos que existen, en mi opinión.

En primer lugar, hay que decir que un pronóstico en la televisión es muy complicado de hacer. Por poca audiencia que tenga estamos hablando de miles de personas pendientes de ti. En algunos casos, las audiencias son incluso millonarias y los espacios del tiempo se sitúan entre los más vistos cada día. Esto supone que se dirigen a muchas personas. A demasiadas. Y cada una espera un pronóstico perfecto, no para su región o su ciudad, sino para la pradera donde tomará la tortilla, la playa donde se bañará o la pista de esquí por donde se deslizará. Para ese sitio en concreto y no para otro. Muy complicado. Imposible, en la mayoría de los casos.

A esto debemos sumarle que somos cada uno de su padre y de su madre. Con esto quiero decir que las sensaciones que tenemos con cada tipo de temperie son muy subjetivas. Mi hermana duerme en verano con calcetines, mientras que mi cuñado puede ir en manga corta en pleno invierno sin inmutarse. No hay un solo pronóstico válido en nuestro país, debería haber 46 millones de pronósticos para acertar completamente y para todos.

Por si fuera poco, nadie, ni el mejor meteorólogo con la mejor herramienta de predicción, tiene la verdad absoluta. Todos nos apoyamos en modelos meteorológicos, como hemos visto. Ecuaciones que definen el siguiente estado de la atmósfera a partir del actual. Y estas ecuaciones fallan. Lo vemos todos los días. El simple hecho de que una nube perdida tape el sol provoca un cambio de temperatura que a su vez puede generar un cambio de la presión atmosférica y que se levante un viento inesperado. Esto, para cada punto de nuestro planeta, no hay ecuación atmosférica que lo resuelva. Los modelos meteorológicos trabajan con rejillas o cuadrantes de predicción de diferentes áreas. Los hay con resolución 5×5 km, 12×12 km, 100×100 km, etc… Pero no los hay de 1×1 metro. Quizá nunca los haya. Estas ecuaciones asumen que en ese área de digamos 10 kilómetros cuadrados, el tiempo va a ser el mismo. Y no, no es así.

A veces pasa desapercibido el error, otras es más evidente, como con la nevada del pasado jueves en Madrid. Pocos modelos la anunciaban. Sólo las últimas salidas -soluciones- dejaban ver la posibilidad de dicha nevada. Para ese momento la capacidad de comunicar la situación adversa era ya muy reducida. La sorpresa estaba servida, seguida de los comentarios tipo: “Pues ayer no dijeron nada en el tiempo”, y la consiguiente alusión a que los del tiempo nunca aciertan.

Y no es verdad, porque quizá el aspecto más injusto de esta relación es que cuando de verdad aciertan, nadie se acuerda de ellos. Se les supone el acierto, como el valor a los toreros y la valentía a los soldados. Vale, sí. Pero los toreros y los soldados reciben sus trofeos, y los meteorólogos, sólo los palos.

Texto: Emilio Rey