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La vida antes del aire acondicionado: ¿cómo se soportaba el calor?

septiembre 11, 2017
¿Cómo se vivía sin aire acondicionado?

Desde la comodidad del sofá de casa o del despacho de la oficina, con el aire acondicionado funcionando de fondo, seguimos disfrutando de una tecnología que nos ayuda a soportar las altas temperaturas que aún en septiembre tenemos en numerosos puntos de España. ¿Os imagináis pasar estos meses de verano sin aire acondicionado?

A lo bueno siempre nos acostumbramos pronto y a veces olvidamos que, hasta hace unas pocas décadas, el aire acondicionado estaba reservado para unos pocos y que la mayoría de la gente se las tenía que arreglar con ingenio para sobrevivir al calor asfixiante del verano. Hoy recuperamos algunas de las técnicas más comunes y sencillas que el ser humano ha utilizado a lo largo de la historia para combatir las temperaturas más abrasadoras.

Dormir a la fresca

Si los días son difíciles de soportar sin aire acondicionado, dormir se puede convertir en una auténtica misión imposible, especialmente en casas en las que corre poco aire. Una de las soluciones más sencillas que se usaba antaño era salir a dormir a los patios y espacios al aire libre. Bastaba con echar una esterilla y unos cojines sobre el solado y a disfrutar del sueño al raso.

Construcción planificada

Una de las formas más inteligentes que ha tenido el hombre para adaptarse a las temperaturas extremas a lo largo de la historia ha sido mediante la construcción planificada. Usando ciertos materiales como roca y ladrillo, así como edificar las construcciones con muros muy gruesos, ha permitido crear pequeños microclimas interiores que permanecían aislados del frío en invierno y del calor en verano. Además, ubicar las ventanas de manera estratégica para que hagan corriente entre sí es otro factor sencillo pero muy eficaz a la hora de luchar contra los sofocones veraniegos.

Amor por el blanco

Además de usar materiales frescos y construir las viviendas de forma planificada, pintar su exterior de blanco o encalar los muros reduce de forma significativa la temperatura. El mejor ejemplo lo encontramos en los pueblos de Andalucía, donde el calor del verano es famoso por su dureza. Las superficies blancas reflejan mayor cantidad de luz solar, lo que evita que el interior se caliente en exceso y que el calor se acumule durante muchas horas.

Levantarse con las gallinas

Otra forma de luchar contra las olas de calor era adaptándose a las horas más agradables de la jornada. Hoy en día, nos resultaría extraño cambiar los horarios de trabajo por el calor. Sin embargo, en ausencia de equipos de aire acondicionado, no quedaba otra salida. Lo más habitual era levantarse con los primeros rayos de sol y aprovechar al máximo la mañana antes de que el sol apretase demasiado y tener que volver a refugiarse a la sombra del hogar.

Una buena siesta reparadora

¿Y qué se hacía en casa cuando no se podía estar en la calle? Pues la mejor opción era bajar las persianas, echar las cortinas, y meterse en la cama. No en vano, la siesta es la mejor forma de recuperar las horas de sueño invertidas a primera y última hora del día, cuando las temperaturas dan un respiro y sí se puede trabajar o realizar esfuerzos.

Hacer vida en las plantas bajas

Por otro lado, otro aspecto que había que tener en cuenta era el excesivo calentamiento de las plantas más elevadas de los edificios, que son las que reciben la incidencia del sol de forma continuada. Esta situación obligaba a que las actividades del día a día se tuvieran que concentrar en las plantas bajas de los edificios o, al menos, evitar la última de todas.

La dieta de la sandía: mucho líquido y poca caloría

Aunque hoy en día seguimos adaptando lo que comemos al tiempo que hace, antaño era una cuestión casi vital. Durante las olas de calor y los días más sofocantes, era necesario beber cantidades ingentes de agua para recuperar líquidos, así como adaptar la dieta a alimentos refrescantes y muy bajos en calorías. Frutas frescas de verano, gazpachos y otras sopas frías aportan un plus importantísimo para nuestra salud en verano.

Como se puede ver, la vida antes de la invención del aire acondicionado obligó al ser humano a tener que buscar soluciones sencillas e ingeniosas para sobrevivir a los veranos más sofocantes. Hoy en día, gracias a la tecnología, tenemos a nuestra disposición Soluciones Integrales que nos hacen la vida mucho más fácil y cómoda. El aire acondicionado ha permitido establecer una rutina de vida y trabajo que ya no está limitada por las olas de calor ni por las temperaturas más asfixiantes del verano. Ahora podemos disfrutar de la temperatura de confort ideal en todo momento. Y, por cierto, el gazpacho sigue siendo nuestra receta preferida del verano.